Puedes ver lo que estás haciendo, puedes escuchar las risas y sentir esa alegría de compartir una tarde céntrica. Puedes oler esa comida china y saborearla. Puedes recordar cada sensación de un día cualquiera en ese lugar tan lleno de historias y recuerdos.
Pero nada en la vida es eterno...
Si ni la vida misma se mantiene, qué queda para los lugares donde en ella estuviste. Todo se derrumba tarde o temprano, cae en la vorágine del dinero que modifica la materia más rápido que cualquier proceso físico. .

Hay veces en que un edificio como éste, ubicado en pleno centro de Santiago, depende sólo de un delgado hilo para continuar con su propia vida. De ésas que permanecen sólo en el recuerdo de los que un día allí estuvieron.
Eso es lo que ocurre con el Taller... Un taller que dependía de la vida de un español y que contuvo en sus estructu
ras y pilares muchas otras vidas. De artistas que dejaban vagar su imaginación en la escritura, la pintura o quién sabe qué otras artes; de negocios que intentaban salir del anonimato, o simplemente de buenos momentos y pasiones encontradas en una copa de cognac servido de la mejor forma posible; de sueños y asperezas, de magia y cruda realidad, que impregnaron mi vida como la de tantos otros hasta dejarme grabado cada salón, cada habitación, cada peldaño y cada piso que por este edificio pude recorrer.
ras y pilares muchas otras vidas. De artistas que dejaban vagar su imaginación en la escritura, la pintura o quién sabe qué otras artes; de negocios que intentaban salir del anonimato, o simplemente de buenos momentos y pasiones encontradas en una copa de cognac servido de la mejor forma posible; de sueños y asperezas, de magia y cruda realidad, que impregnaron mi vida como la de tantos otros hasta dejarme grabado cada salón, cada habitación, cada peldaño y cada piso que por este edificio pude recorrer.Pero nada en la vida es eterno...

Todo depende de un hilo... que tarde o temprano se tiene que cortar.












